Integridad Sin Condiciones: Un Llamado Urgente por la Transparencia y el Futuro de la Asociación Mexicana de Franquicias

Por Eduardo Poblete

Integridad Sin Condiciones: Un Llamado Urgente por la Transparencia y el Futuro de la Asociación Mexicana de Franquicias

Por la Integridad, la Transparencia y el Futuro de Nuestra Asociación

 

Queridos amigos y colegas de la industria; distinguidos miembros de la Asociación Mexicana de Franquicias:

 

Hablar desde la conciencia y el compromiso no es tarea sencilla, especialmente cuando lo que está en juego no es solo un proceso electoral, sino los cimientos éticos que sostienen a nuestra Asociación Mexicana de Franquicias (AMF). Me dirijo a ustedes no solo como un miembro de esta comunidad, sino como alguien que, al igual que ustedes, ha trabajado por construir un espacio donde la confianza, la transparencia y la integridad no sean solo principios en el papel, sino prácticas cotidianas.

Hoy, con respeto y firmeza, alzo la voz porque la responsabilidad de preservar lo que juntos hemos edificado no admite silencios cómplices ni indiferencias cómodas.

En el contexto del proceso electoral en curso, en el que en próximas fechas elegiremos a la nueva mesa directiva de la asociación, para que nos represente por el periodo 2025-2027, se han hecho evidentes a cualquier miembro de la asociación, situaciones que no pueden ni deben pasar desapercibidas. Y hablo en nombre propio, como miembro activo de la AMF, y en ejercicio pleno de mi derecho constitucional a la libre expresión de las ideas.

No se trata de buscar o señalar culpables ni de atribuir intenciones dolosas. Estoy convencido, y lo digo con sinceridad, de que muchas de las irregularidades observadas no son fruto del dolo, sino del desconocimiento de quienes, sin la formación jurídica adecuada, han asumido responsabilidades que exigen un rigor normativo y ético más profundo. Sin embargo, la buena fe no exime del deber de cumplir la legalidad, ni mucho menos de la obligación moral de actuar con rectitud.

La legalidad no es un mero trámite. Es el principio rector que garantiza la equidad en cualquier organización democrática. Y cuando ese principio se vulnera —sea por desconocimiento o por omisión— el daño trasciende lo administrativo para erosionar la esencia misma de la institución.

¿Qué somos como Asociación si permitimos que la forma prevalezca sobre el fondo?

¿Cómo exigir a nuestros franquiciatarios integridad y ética si no predicamos con el ejemplo desde el órgano que representa nuestra máxima autoridad como gremio?

Las irregularidades detectadas no son simples errores procedimentales. Son señales de alerta que nos invitan a reflexionar sobre el rumbo de nuestra vida institucional. Hemos sido testigos de decisiones que contravienen nuestros propios Estatutos y el Código de Ética que nos comprometimos a respetar, incluso hasta las propias leyes generales que rigen a la sociedad, configuraciones de órganos que no cumplen con los requisitos mínimos establecidos, y actuaciones que, aunque puedan ampararse en la letra de la norma, traicionan el espíritu ético que debería guiarnos.

Porque no todo lo legal es moral. La legalidad establece el umbral mínimo de comportamiento aceptable; la ética, en cambio, nos exige ir más allá, hacia un terreno donde la transparencia, la honorabilidad y la integridad no son opciones, sino imperativos.

Como empresarios y líderes de marcas que representan confianza en el mercado, sabemos que una organización sin credibilidad es una estructura vacía. La credibilidad no se construye únicamente con resultados comerciales, sino con la coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos. ¿No es acaso eso lo que enseñamos, incluso, exigimos a nuestros franquiciatarios? ¿No es eso lo que exigimos a nuestros colaboradores, proveedores y aliados estratégicos?

No podemos permitir que el proceso electoral de la AMF se vea empañado por acciones que, aunque, algunas bien intencionadas, siembran dudas sobre su legitimidad. La transparencia no es una formalidad; es la garantía de que cada decisión ha sido tomada con justicia, sin influencias indebidas de nadie, ni conflictos de interés.

Por ello, hago un llamado urgente, claro y directo:

  • A revisar, con responsabilidad y rigor ético y jurídico, la estructura del Comité Electoral y los procedimientos seguidos hasta ahora.
  • A garantizar que cada acto de este proceso esté alineado con los principios de legalidad, equidad, transparencia y ética que nos definen.
  • A que quienes ocupan cargos directivos, aunque no sean abogados, asuman la obligación de asesorarse de “verdaderos profesionales” competentes en la materia. Porque la ignorancia de la norma no exime de su cumplimiento.

Este no es un reclamo ni un señalamiento. Es una invitación. A la autorreflexión, al compromiso con la verdad, al coraje y valentía de reconocer errores y enmendarlos. Porque solo así podremos mirar a los ojos a nuestros asociados, franquiciatarios, colaboradores, proveedores y clientes, y decirles, con la frente en alto, que en la Asociación Mexicana de Franquicias predicamos con el ejemplo.

Les pido que no vean este mensaje como un acto de confrontación o una manera de denostar a una persona, cargo o ente alguno, sino como un acto de amor y compromiso por y con nuestra Asociación. No obstante que todo lo dicho, tiene fundamento jurídico comprobable. Porque, como dijo el célebre cantautor argentino Atahualpa Yupanqui, “Le tengo rabia al silencio por lo mucho que perdí; Que no se quede callado quien quiera vivir feliz”; y yo digo “quien ama lo que ha ayudado a construir, que no se quede callado ante lo que puede dañarlo”. Y hoy, más que nunca, necesitamos voces firmes que defiendan la integridad de la AMF.

Hagamos lo correcto. No porque sea fácil, sino porque es lo que debemos hacer.

No porque convenga, sino porque es lo justo.

No porque nos lo exijan, sino porque es lo que nos define.

Porque la integridad no se negocia.

Porque la ética no se subordina a intereses particulares ni de grupo.

Porque la confianza se construye día a día y se pierde en un solo instante de indiferencia.

Comportémonos a la altura de las circunstancias, que este momento no se recuerde como una crisis, sino como el punto de inflexión en el que decidimos, juntos, ser mejores.

Con respeto, firmeza y un inquebrantable compromiso con la verdad.

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