Por Eduardo Poblete
La urgencia de la conciencia: Reflexiones sobre el proceso electoral de la Asociación Mexicana de Franquicias
El Espejo de la Historia
Imaginemos por un momento un reloj de arena. Los granos caen, uno tras otro, indiferentes al paso del tiempo, hasta que, de repente, el último grano marca el final. No fue ese último grano el que definió el cambio, sino la suma de todos los que cayeron antes. Así ocurre también con las decisiones que tomamos —o que dejamos de tomar— en momentos críticos. En la encrucijada de la historia, tanto de las naciones como de las instituciones, el mayor peligro no reside en los errores cometidos, sino en la indiferencia que los perpetúa.
Hoy, la Asociación Mexicana de Franquicias (AMF) se encuentra frente a ese reloj de arena. Cada grano que cae es una oportunidad para decidir. Lo que está en juego no es solo un proceso electoral; es el reflejo de nuestra integridad colectiva.
¿Por qué debería importarnos este proceso electoral?
Porque no se trata de un simple trámite administrativo ni de una disputa interna limitada a unos pocos. Se trata de un fenómeno que trasciende lo formal y nos interpela como gremio, como empresarios, como marcas, y, sobre todo, como actores sociales y económicos. Permitir irregularidades en este proceso electoral no es simplemente tolerar una desviación procedimental; es abrir la puerta a la erosión silenciosa de los valores que sostienen la legitimidad de nuestra organización.
La ética de la participación: Entre la comodidad del silencio y la incomodidad de la acción
Platón, en “La República”, advertía:
“El precio de desentenderse de la política es ser gobernado por los peores hombres.”
Esta frase, aunque milenaria, resuena con fuerza hoy. Porque abstenerse de participar activamente – limitándonos a la indignación pasiva o al simple señalamiento de errores y acusaciones – es un acto de complicidad silenciosa. La verdadera ética no reside en el acto de denunciar con palabras, sino en el compromiso de transformar con acciones.
¿Acaso no resulta más cómodo, para quienes apoyan a una u otra planilla —con razón o sin ella—, reaccionar con indignación al sentirse aludidos, lanzar acusaciones sin sustento a través de comunicados anónimos o difundir señalamientos infundados en redes sociales y grupos de WhatsApp, en lugar de asumir con responsabilidad el reto de corregir lo que verdaderamente está mal?
Claro que sí.
La comodidad es el refugio predilecto de quienes prefieren no incomodarse, e incluso, de los cobardes. Pero también es el terreno fértil donde florecen las peores formas de corrupción: aquellas que no necesitan imponerse por la fuerza porque se sostienen en la inercia del conformismo.
El Impacto del fruto del árbol envenenado en el ecosistema empresarial
Existe un principio jurídico conocido como el “fruto del árbol envenenado”. Nos enseña que lo que nace de una raíz corrupta no puede dar frutos sanos. Tal como lo expresé en mi artículo anterior, en el contexto de la AMF, esto significa que, gane quien gane, un liderazgo elegido bajo la sombra de irregularidades no solo carecerá de legitimidad, sino que contaminará la confianza en las decisiones futuras.
Y aquí surge una pregunta incómoda pero necesaria:
¿Queremos construir un futuro sobre una base tambaleante? ¿Cuáles son sus consecuencias?
Un proceso electoral viciado no es solo un problema interno; es una grieta en los cimientos del gremio una fractura silenciosa que amenaza la cohesión, la credibilidad y la confianza de nuestros interlocutores nacionales e internacionales.
Económicamente, la falta de transparencia y ética en la conducción del proceso electoral de la AMF puede derivar en decisiones sesgadas que beneficien intereses particulares en detrimento del bien común, en detrimento de nuestras marcas. Esto limita oportunidades de crecimiento, afecta el acceso a redes de apoyo e incluso mancha la reputación del sector de franquicias en su conjunto.
Más allá de la indignación: Un llamado a la acción consciente
Identificar las irregularidades es solo el primer paso. No basta con indignarse.
La reflexión ética nos exige algo más: actuar.
Pero actuar no significa únicamente votar o participar en un proceso electoral. Significa hacerlo desde la conciencia crítica, desde la responsabilidad de ser custodios de los principios que decimos defender. La acción consciente implica tres compromisos ineludibles:
Exigir transparencia: No como un favor, sino como un derecho inherente a toda organización que se dice democrática.
Participar activamente: No solo en el acto electoral, sino en el debate, en la vigilancia del proceso, en la construcción de una cultura de integridad.
Rechazar la normalización de la irregularidad: Porque cada vez que aceptamos “pequeñas” transgresiones, sentamos el precedente para que crezcan hasta volverse inamovibles.
Un mensaje desde la conciencia, no desde la confrontación
Es importante aclarar que mi intención no es señalar a nadie en lo personal, ni dividir, ni descalificar. Este mensaje no busca polarizar ni generar confrontación. Muy por el contrario, mi única intención es hacer conciencia para que se recapacite por parte de quienes, estoy seguro, actúan sin dolo, pero que, sin darse cuenta, pueden estar causando un daño real a la AMF y, por ende, a todos sus miembros.
Este mensaje, con absoluto respeto, está dirigido a: la Mesa Directiva en turno y al Comité Electoral, para invitarlos a reflexionar sobre la importancia de garantizar un proceso transparente e imparcial, y a tomar las medidas necesarias para encauzarlo correctamente mientras aún están a tiempo; a todas y todos los integrantes de las planillas contendientes, para que conduzcan sus acciones con madurez, ética, honorabilidad y un alto sentido de responsabilidad; y a cada representante de las marcas miembros de la AMF, para que ejerzan un voto informado y consciente, basado no solo en afinidades personales, sino en una evaluación objetiva de la experiencia, trayectoria, formación profesional y resultados obtenidos por cada candidato en su respectiva marca. Sin duda, estos elementos constituyen el mejor referente para determinar quién puede representarnos de la mejor manera.
Que el criterio rector sea el bienestar y la solidez institucional del gremio. La decisión que tomemos hoy marcará el rumbo de nuestra asociación y la confianza que proyectamos dentro y fuera de ella.
Conozco a muchos de ustedes, sé de su honorabilidad, de sus trayectorias y de su compromiso con el gremio. Por eso, con el mayor respeto, les hablo desde un lugar de reconocimiento y confianza. Mi única motivación es invitarlos a reflexionar por el bien de la propia AMF.
Este no es un llamado desde la crítica, sino desde la responsabilidad compartida. Porque sé que, en el fondo, todos buscamos lo mismo: una asociación fuerte, íntegra y digna de la confianza que le han depositado sus miembros.
La trampa del “no es para tanto”
Siempre habrá quien diga:
“No exageremos, esto no es tan grave.”
“Así ha sido siempre, ¿por qué cambiarlo ahora?”
“Eso, lo permiten los estatutos y nosotros no los hicimos”, ¿por qué debemos hacerlo diferente?”
Pero el problema de esta mentalidad es que convierte lo inaceptable en costumbre.
Y lo que hoy parece un “detalle menor” mañana puede convertirse en una crisis irreversible.
¿Queremos ser parte de la generación que miró hacia otro lado mientras se erosionaban los cimientos de la AMF?
El legado que elegimos dejar
Jean-Paul Sartre afirmó:
“Estamos condenados a ser libres.”
Con ello quería decir que no podemos escapar a la responsabilidad de nuestras elecciones.
La libertad no es un privilegio cómodo; es una carga que nos obliga a elegir, incluso cuando preferiríamos no hacerlo.
En la AMF, cada uno de nosotros es responsable del rumbo que tome nuestra organización. No somos espectadores de una obra ajena; somos actores principales. Y aunque queramos cerrar los ojos o mirar hacia otro lado, el escenario seguirá ahí, esperando nuestra participación.
Hoy, el proceso electoral de la AMF nos ofrece una oportunidad única. No solo para elegir a una nueva directiva, sino para definir qué clase de comunidad queremos ser: ¿Una que mira hacia otro lado ante la injusticia? ¿O una que se atreve a enfrentarla, incluso cuando hacerlo resulte incómodo?
La elección más importante
No dejemos que el eco de nuestra conciencia, mañana, esté lleno de silencios que hoy pudimos haber evitado. La historia de nuestra asociación se escribe con cada decisión que tomamos, incluso con la de no hacer nada. Porque, al final, la elección más importante no está en el voto. Está en nuestra conciencia.


2 Comentarios
Patrick Comerford
Coincido contigo en todo
Administrador
¡Gracias por tu comentario! Me alegra saber que coincidimos en este punto. El intercambio de ideas y opiniones enriquece el conocimiento y abre nuevas perspectivas. Te invito a seguir compartiendo tus comentarios en este espacio, ya que cada aporte contribuye a un debate más profundo y constructivo. ¡Espero seguir leyéndote pronto!